Su primer TE AMO

Su primer TE AMO

Sinceramente ha sido una de las cosas más emocionantes en mi vida. Cómo cuando escuchas sus primeros latidos en el ultra sonido o su primer llanto en la sala de partes o sus primeras sílabas.

El primer TE AMO de tu hijo o hija, es de esas cosas que uno muere por escuchar, y aunque trata de no forzar se inventa momentos, preguntas ó formas para que tu hijo te lo diga pero no pasa.

Y en mi caso, pasó algo muy particular ya que se lo había escuchado decirlo a su madre, de manera normal y frecuente. Mientras yo recibía de él,  unos lindos y dulces “yo a tí papá” cuando era yo el que le decía : “ TE AMO HIJO.”

Y claro, no podía forzarlo. Quería que fuera mágico, perfecto, como todos los primeros momentos de las cosas que hacen nuestros hijos.

Aunque no estoy muy seguro de lo que él comprende y dimensiona con esa expresión, la simple idea de escucharla con su voz, me volvía loco de la emoción. Hasta que un día, finalmente sucedió.


– En nuestra rutina diaria, jugando en la mesa del comedor, mientras yo estaba en el computador, el sentado a mi lado jugando con sus carritos, se da la vuelta y me dice en voz alta y firme “TE AMO MUCHO”.- 

Fueron los segundos más alegres de la vida, y se me pasaron sus 3 añitos de vida como una película por mi cabeza. 

Si ya sé, se lee muy de Hollywood pero ASI FUE! jaja. 

Inmediatamente lo abracé y le dije: YO TAMBIÉN TE AMO HIJO MIO. Dejé todo lo que estaba haciendo y me quedé con él jugando un rato largo.

Luego, pensando un poco más a fondo, recordé lo afortunado que soy de poder compartir con él estos momentos. Que pese a vivir una pandemia, a no tener trabajo en éste momento, a no vivir con él, tenía muchas cosas por que agradecerle a la vida y una de las más importantes es justamente poder compartir el día con mi hijo y presenciar en vivo y en directo todas sus muestras de cariño.

Para un papá como yo, que no vive con su hijo y que busca formas y espacios de compartir con él y estar presente en su desarrollo, es muy importante disfrutar de cada uno de estos momentos, y por eso los comparto aquí esperando que pueda aportar a que más papás encuentren las formas de acercarse física y emocionalmente a sus hijos.

Incluso, si viven bajo el mismo techo, siempre habrán más y mejores espacios para conectar emocionalmente con nuestros pequeños y pequeñas.

Las primeras horas de vida de mi hijo

Las primeras horas de vida de mi hijo

m,La emoción era enorme… fue una cesárea y yo estaba esperando afuera del quirófano para entrar y conocer a mi hijo en sus primeros respiros fuera del vientre de su madre.

Logramos pactar con su madre que yo entraría al quirófano y ha sido una de las experiencias más hermosas de mi vida.

Y ahí estaba yo, esperando que la operación avance y que me llamen para entrar a la sala. Vestido como un doctor más, me sentía super importante y la verdad con pocos nervios.

Mientras esperaba afuera tenía una ligera idea de que me encontraría allí. Ya había visto varios videos sobre cesáreas y aunque no son los más agradables visualmente, te preparan mucho para manejar las expectativas y los nervios de ese momento.

«En serio futuros papás, si pueden prepararse y lograr entrar a ese momento háganlo, no se van a arrepentir”.

Bueno, donde iba… ah sí, mientras esperaba los nervios empezaban a hacer efecto, pensé que entraría junto con el equipo de doctores desde el inicio pero esperaron a tener todo listo y que mi hijo esté a punto de salir para que yo pueda ingresar.

Tiene sentido, un tipo emocionado, gritando y ansioso seguramente pueda estorbarles más que aportar.

Cuando finalmente una enfermera cruzó el pasillo y me pidió que la acompañara, al fondo de la sala estaban los doctores haciendo su trabajo y yo mirando como mi hijo salía al mundo.

Me quedé atónito, helado y muy quieto mientras grababa en vídeo ese mágico momento.

El pecho se me llenó de orgullo, de alegría y varias lágrimas salieron.

Mi hijo nació muy grande, sano y fuerte. Ver sus 3.8kgs por primera vez fue amor a primera vista.

No les voy a mentir, al principio esperaba que salga gritando y llorando muy fuerte pero se demoró unos pocos segundos hasta llegar a la mesa del pediatra. Una vez allí cuando limpiaron sus vías respiratorias pudo gritar con todas sus fuerzas y el alma me volvió al cuerpo.

No pude cargarlo ya que debían limpiarlo, revisarlo y prepararlo pero pudo escuchar mi voz y siento que ahí en ese preciso momento nuestro vínculo empezó a consolidarse.

Finalmente y luego de varias horas de espera en la habitación, mi hijo llegó. Envuelto como un paquetito de nieve en una cobija blanca tejida por su abuelita llegó a mis brazos. Jamás olvidaré ese momento y jamás dejaré de sostenerlo en mis brazos.